Escalivada al estilo de la Abuelita Pilar
Historia
A diferencia del Asadillo manchego, esta sí que era una receta que preparaba mi madre cuando éramos relativamente pequeñas, no pequeñas pequeñas, pero sí todavía niñas cuando empezó a hacerla. Recuerdo que la primera vez fue como un poco experimento, a ver si nos gustaba. Me parece recordar que me dijo que se la había pasado una compañera de Telégrafos o algo así, y decidió probar.
Fue un éxito. ¡Nos encantó! Así que la preparaba con bastante frecuencia.
Después, ya casada, yo solía hacerla en verano casi cada semana, incluso cuando ya estaban los niños; la preparábamos entre los 3 en aquellas mañanas que pasábamos juntos, cuando me cogía el permiso sin sueldo durante todas las vacaciones escolares, para poder estar con ellos. Recuerdo que yo me levantaba temprano, asaba los pimientos antes de que hiciese demasiado calor, y cocía los huevos. Después, cuando ya volvíamos de la playa (solíamos ir a eso de las 9 y estábamos alrededor de una hora y media allí), nos poníamos los 3 en la cocina y la acabábamos de preparar juntos.
Era muy chulo cocinar los 3 juntos ❤ (pongo el corazón porque no está aquí el emoji sonriente de los ojitos brillantes)
En fin, que me pongo nostálgica… Pues eso, que esta receta tiene una historia bonita 🙂
Receta
Entre los 3 era llevadera de preparar, pero una sola es un curro. De todas maneras, como tantas otras cosas, vale la pena porque está muy rica.

Ingredientes (para 4 personas)
- 5 pimientos rojos grandes (no de los redondos ni de los italianos, claro; de los otros)
- 1 berenjena grandecita
- 5 tomates maduros (yo los cogí tipo pera)
- Limones (yo uso unos 2-3 porque me gusta que esté acidita)
- Aceite de oliva
- Sal
- 4 huevos cocidos (opcional)
Elaboración
Lava los pimientos y la berenjena y colócalos en la bandeja del horno. Ponlos con temperatura alta (al máximo, o 200º como mínimo), solo con la resistencia de arriba, y en una altura más hacia arriba que hacia abajo. En nuestro horno yo les doy la vuelta más o menos cada 10 minutos, cuando la piel se despega de la carne y se pone casi negra, pero cada horno es un mundo, así que toca vigilar hasta que les cojas el truco.
Mientras se asan los pimientos, lava los tomates y ráyalos deshechando solo la pielecilla. Deja el resultante en la nevera.
Cuando los pimientos y la berenjena estén asados por todos los lados, sácalos del horno en la misma bandeja (¡OJO! Puede que hayan soltado bastante líquido, así que ten cuidado de que no se te derrame y te quemes) y déjala en una superficie que resista bien el calor para que se enfríen. Puedes hacerles un corte a todo lo largo y abrirlos lo que puedas para que se enfríen antes.

Cuando ya no estén calientes, pélalos y hazlos tiras o trozos no muy pequeños. Utiliza una fuente honda en la que quepa todo bien. Añádeles el caldo que hayan soltado al asarse y los tomates rayados.
Alíñalos con aceite, sal y zumo de limón al gusto. Mézclalo todo bien y mételo en la nevera un par de horas.

Corta pan para rebañar después (querrás hacerlo) y, si quieres que sea plato único, antes de servirlos, añade el huevo cocido troceado y… ¡a comer! 🙂













